La luz al final del túnel, el último enigma de la mente humana

La luz al final del túnel, el último enigma de la mente humana
A lo largo de la vida, la mente nos puede jugar malas pasadas o hacer ver cosas que no están allí: desde la sensación de parálisis que acompaña a algunas pesadillas hasta la percepción de haber abandonado el cuerpo. Es relativamente común recordar experiencias que tradicionalmente han sido consideradas como paranormales, aunque en realidad pueden deberse a estados profundos del sueño, la acción de ciertas drogas o a vivencias traumáticas que inducen cambios en el cerebro.

La experiencias cercanas a la muerte, tal y como las refieren algunas personas que han sufrido un paro cardiaco o han estado a punto de morir, podrían definirse como un compendio de todas estas anomalías: los pacientes perciben que su conciencia escapa de su propio cuerpo, vislumbran un túnel negro con una luz al otro lado, se sienten rodeados de presencias que identifican como espíritus, ángeles o fantasmas; y, a menudo, les acompaña una sensación de plenitud o estado de euforia.

Estos recuerdos, que se han observado y recogido en hospitales de todo el mundo, han sido interpretados habitualmente desde un punto de vista místico, religioso o paranormal, pero varios grupos de expertos opinan que deberían incorporarse al estudio académico. Algunos científicos consideran, de hecho, que la neurología y la psiquiatría actuales ya cuentan con herramientas suficientes para explicar el fenómeno, que sería la suma de una serie de experiencias cerebrales extremas provocadas por la propia cercanía de la muerte.

Los investigadores británicos Dean Mobbs, del Medical Research Council de Cambridge, y Caroline Watt, psicóloga de la Universidad de Edimburgo, elaboraron un estudio que repasaba varios de los síntomas más extendidos en las experiencias cercanas a la muerte y ofrecía una explicación biológica factible para cada uno de ellos. La percepción de encontrarse en un tunel, por ejemplo, puede deberse a fallos en la visión periférica, ocasionados por la carencia de oxígeno en el cerebro que se produce tras sufrir un paro cardiaco.

Carencia de dopamina

Las visiones de espíritus o fantasmas podrían estar relacionadas, según estos autores, con otro efecto neurológico: la escasez de dopamina. Este neurotransmisor también se encuentra en muy bajos niveles en los pacientes de Parkinson, los cuales sufren alucinaciones, delirios y otros síntomas psicóticos que podrían asociarse a la referida sensación de encontrarse rodeado de ánimas.

Sin embargo, los pacientes que han vivido una experiencia cercana a la muerte no la suelen recordar como un mal trago, sino que dicen haber sentido una calma total y un estado de plenitud, dispuestos a acoger con alegría lo que fuera que les esperara al final del túnel. Pero Mobbs y Watts recuerdan que estas sensaciones también pueden derivarse de desarreglos neuronales.

Por ejemplo, la ketamina, un anestésico veterinario que se emplea como droga recreativa, provoca entre sus usuarios sensaciones de entusiasmo y euforia -además de otros peligrosos efectos- y en ocasiones se han registrado experiencias cercanas a la muerte, incluida la percepción de abandono del propio cuerpo, por parte de los consumidores de esta sustancia.

"Pese a las creencias populares, las investigaciones sugieren que no hay nada paranormal sobre estas experiencias", concluían los autores en su estudio, publicado en 'Trends in Cognitive Sciences'. "Por el contrario, las experiencias cercanas a la muerte son la manifestación de las funciones normales del cerebro cuando se estropean, durante un suceso traumático y, a veces, inofensivo", añaden.

Una nueva ciencia de la mente

Otros expertos opinan, por el contrario, que las experiencias cercanas a la muerte son demasiado complejas para que nuestro actual -y limitado- conocimiento neurológico pueda ofrecer una explicación exhaustiva del fenómeno. Lo cual no quiere decir que deban relegarse al campo de lo paranormal.

El problema radica, más bien, en que sería necesario un nuevo paradigma científico del cerebro para poder entender cabalmente lo que sin duda es una de las experiencias más extremas a las que debe enfrentarse nuestra mente: la contemplación, desde un estado de inconsciencia, de su propia extinción física. El cardiólogo británico Sam Parnia, que ha realizado varios estudios con decenas de supervivientes a paradas cardiacas, defiende que las percepciones narradas por quienes han atravesado esta vivencia escapan al ámbito de la actual neurología.

En un informe publiacado en 2001, junto al psiquiatra Peter Fenwick, el doctor Parnia relataba una serie de experiencias que no podrían explicarse como un mero episodio de confusión o alteración neuronal. Algunos pacientes, argumentaban estos autores, daban "detalles específicos relacionados con las técnicas de resurrección, verificados por el personal del hospital, que no pueden, sencillamente, explicarse de esta forma". "Para que estas memorias se formaran", insisten, "una forma de conciencia debió estar presente durante la parada cardiaca".

Parnia y Fenwick sostienen que, pese a la reducción del flujo sanguíneo y de las funciones cerebrales que sufren los pacientes, las experiencias cercanas a la muerte que relatan "no son confusas". Por el contrario, manifiestan "elevados niveles de conocimiento, atención y conciencia, en un momento en que la conciencia y las memorias no deberían ocurrir", según los investigadores. "Una nueva forma de pensar es necesaria para proporcionar una nueva perspectiva de esta intrigante, aunque ampliamente desconocida, área de la ciencia", concluyen.

El cerebro cuántico

Una de las vías para reformar la ciencia de la mente más populares en los últimos años -aunque de limitada penetración en el ámbito médico- ha sido la propuesta por el prestigioso físico y matemático Roger Penrose, quien sostiene que los fenómenos aparentemente inexplicables de la mente humana se deben a la naturaleza cuántica de la misma.

Algunos autores, como el psicólogo Bruce Greyson, de la Universidad de Virginia (EEUU), defienden que una teoría cuántica del cerebro podría explicar las experiencias cercanas a la muerte desde una perspectiva "que desafíe al reduccionismo materialista", aunque no por ello paranormal. Las experiencias cercanas a la muerte y otros fenómenos de la mente requerirían, según Greyson, "de una psicología revisada, que no esté anclada en la física clásica del siglo XIX sino más bien en la física cuántica del siglo XX, la cual incorpora la conciencia en su formulación conceptual".

Pero todas estas reflexiones académicas quedan lejos, en realidad, de la práctica médica diaria. Lo habitual es que un paciente que ha sido resucitado tras un paro cardiaco no comente sus percepciones -si es que las tuvo- con el personal sanitario, y se muestre desorientado y confuso durante un tiempo, hasta que recobra por completo la conciencia. El doctor Francisco José del Río, intensivista en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid, explica que "lo más normal es que no recuerden nada; suelen tener un espacio en blanco".

Ángel Díaz | ELMUNDO.es
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La ciudad de Caral, la más antigua de América, sigue desvelando enigmas

La ciudad de Caral, la más antigua de América, siguen desvelando enigmas. epa
En medio del desierto al norte de Lima, las investigaciones sobre la ciudad de Caral, la más antigua de América, siguen desvelando enigmas y ahora han permitido determinar que hace 5.000 años ya existieron construcciones antisísmicas y hubo un conocimiento avanzado de la genética agraria.

Caral, ubicada a doscientos kilómetros de Lima y declarada en 2009 por la Unesco como Patrimonio Mundial, fue una compleja sociedad que se desarrolló entre los años 3.000 y 1.800 antes de Cristo, en el período denominado Precerámico, coetánea a la época de las pirámides de Egipto.

Este fin de semana se celebraron 17 años del inicio de las investigaciones en esta civilización primigenia, destacó a Efe la arqueóloga peruana Ruth Shady, descubridora y encargada del proyecto.

En la llamada "ciudad sagrada", el trabajo diario de arqueólogos, arquitectos e ingenieros pretende demostrar que los antiguos peruanos "no han sido solo artesanos, sino que han sido también profesionales interesados en el conocimiento científico".

"Y lo desarrollaron con éxito en la ingeniería, astronomía y genética agraria", señaló Shady mientras recorría Caral.

La ciudad presenta 32 pirámides truncas de diferentes dimensiones que, según los últimos estudios, cuentan con una tecnología en construcción que puede resistir hasta un sismo de 7,5 grados.

"Las bases de cada pirámide son tan sólidas que se mantienen hasta nuestros días", precisó a Efe el arqueólogo peruano Igor Vela.

Lo mismo sucede con los sorprendentes avances en genética agraria: "En Caral, hay cuatro colores naturales de algodón: rojo, beige, crema, marrón. ¿Cómo los obtuvieron? Han tenido que investigar para llegar a ello", afirmó Shady.

Las investigaciones en el sitio arqueológico, iniciadas en 1994 con escasa financiación y la colaboración de cinco jóvenes arqueólogos, cuentan hoy con unas 400 personas y un presupuesto anual de cinco millones y medio de dólares.

Según Shady, "el patrimonio arqueológico es una de las principales fortalezas que tiene Perú", por ello, el proyecto busca involucrar a las poblaciones aledañas en su crecimiento, ya que la ciudad recibe a unos 45.000 visitante al año.

"No solo apostamos por un aspecto del desarrollo, sino que queremos que éste sea integral. (La idea) es generar en el área norcentral de Lima un polo de desarrollo", aseveró la arqueóloga, quien quiere evitar que se repitan las experiencias que no tuvieron en cuenta a la población actual en otras zonas turísticas del país.

Las investigaciones pretenden que "se conozcan los avances en el conocimiento desde que se formó la civilización Caral y cómo ésta influyó en otras culturas hasta el periodo inca, incluso", dijo Shady.

La arqueóloga aseguró que "debe ser política de Estado dejar de promover solo a Macchu Picchu" y explicó que el aporte de la arqueología para ello "es conocer cómo se manejó el territorio".

"La información que se recupera debe promover la reflexión sobre lo que fuimos y lo que debemos cambiar y mantener en el presente", remarcó.

La civilización Caral tuvo un desarrollo precoz en comparación a otras que había en el continente y su declive, según las investigaciones, se debió a los severos cambios climáticos que se presentaron al término de su período de esplendor.

Se considera que 130 años de escasez de agua, junto a los movimientos telúricos y la presencia de arena en los campos de cultivo, producidos por los cambios climáticos, generaron una crisis social que enfrentó a la población contra los dirigentes político-religiosos.

EFE
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El enigma de la temperatura corporal de los dinosaurios

El enigma de la temperatura corporal de los dinosaurios
Millones de años después de que se extinguieran los grandes dinosaurios herbívoros del Jurásico, el estudio de la composición de sus dientes ha desvelado su temperatura corporal, que era similar a la de los mamíferos y pájaros actuales y mayor que la de los cocodrilos de sangre fría.

Así lo afirman científicos del Instituto de Tecnología de California (Caltech) y de la Universidad de Bonn (Alemania) en un estudio publicado en Science Express.

El cuerpo del gigantesco braquiosario tenía una temperatura de 38,2 grados celsius y el del camarasaurio de 35,7 grados, según se ha podido saber gracias al novedoso método desarrollado por los investigadores, que consistió en analizar el esmalte de los dientes fosilizados de varias especies de saurópodos de Tanzania y EEUU.

Los expertos, según los cuales el margen de error del análisis es de entre uno y dos grados, midieron la abundancia de enlaces entre isótopos de carbono y oxígeno en la apatita, el principal mineral del esmalte de los dientes, que varía según la temperatura a la que se forma dicho esmalte.

"Es como poder ponerle un termómetro a un animal que ha estado extinto durante 150 millones de años", señaló Robert Eagle, geoquímico estudiante de postdoctorado en Caltech y principal autor del estudio.

Sin embargo, las conclusiones de los científicos no zanjan el debate sobre si los dinosaurios eran animales de sangre caliente -que mantienen una temperatura estable- o fría -que dependen de la temperatura ambiente.

"Nuestros datos aportan pruebas claras de que su temperatura corporal era claramente más elevada y más estable que la temperatura ambiente", afirmó en una nota el bioquímico alemán Thomas Tütken, de la Universidad de Bonn, que participó en el estudio.

Pero según el científico esto podría deberse al gran tamaño de estos dinosaurios, ya que el hecho de tener una masa corporal superior a la superficie del cuerpo -el braquiosario medía más de 23 metros y pesaba 40 toneladas- también es eficaz para mantener la temperatura constante.

Ahora los investigadores se proponen estudiar a dinosaurios más pequeños, incapaces de almacenar el calor al tener una superficie corporal mayor que el volumen, para determinar si eran de sangre caliente o fría.

La investigación permitirá conocer mejor el comportamiento de estos animales prehistóricos, más pausado y lento en seres de sangre fría y más ágil y rápido en los de sangre caliente.

EFE
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Choques de galaxias, agujeros negros y otros misterios

Galaxias. NASA
Muchas galaxias tienen en su centro lo que se llama un núcleo activo, un voraz agujero negro que se traga ingentes cantidades de materia. Justo en la frontera de desaparecer para siempre, cuando el agujero la devora, esa materia emite una colosal radiación que hace que el centro galáctico sea especialmente brillante. Pero, como no todos los centros galácticos son tan violentos, aunque tengan agujero negro, los científicos se habían planteado hace tiempo qué mecanismo excitaría los núcleos activos, concluyendo que serían los choques y fusiones entre galaxias los culpables.

Las teorías hay que contrastarlas con observaciones y experimentos, y eso es lo que han hecho unos astrónomos de Alemania. Han utilizado las imágenes del telescopio Hubble y una original prueba de observación casi detectivesca con astrónomos de ocho instituciones para discernir si hay choque galáctico o no en los casos de núcleos activos. La respuesta es que no y, con ella, Mauricio Cisternas y sus colegas abren de nuevo el turno de los misterios y las hipótesis para explicar la actividad desenfrenada de los núcleos activos. Pueden ser choques de nubes moleculares los que desestabilizan las galaxias con núcleo activo, o perturbaciones de otras galaxias que pasan casi rozando.....

Lo primero en una investigación así es definir el territorio del experimento. Cisternas (Instituto Max Planck de Astronomía, en Alemania) y sus colaboradores han elegido la población de galaxias del catálogo Cosmos, que abarca una zona del cielo de unas diez veces el tamaño aparente de la Luna, en la constelación del Sextante. El Hubble y otros telescopios de diferentes longitudes de onda han captado objetos de ese fragmento celeste, incluidos varios cientos de miles de galaxias lejanas de todo tipo. Entre ellas los astrónomos han seleccionado 140 con núcleo activo, es decir con un voraz agujero negro en su centro, y lo han podido hacer gracias a otro telescopio espacial, el XMM-Newton, de la Agencia Europea del Espacio (ESA), que ve el universo en rayos X.. La idea básica de este proceso de identificación es muy simple: se mira el cielo en rayos X para distinguir las potentes fuentes de esta radiación que son los núcleos galácticos activos y luego se va al catálogo del Hubble para ver los mismos objetos en luz visible y con mucho detalle.

Además de las 140 galaxias con núcleo activo, Ciesternas y sus colegas han seleccionado otras nueve normales por cada una de ellas, y todas a una distancia similar (para que estén en la misma fase evolutiva y sean comparables). En total han estudiado 1.400 galaxias y ha habido que analizarlas con detalle para identificar en cada una posibles rastros de colisión y fusión. Pero esta es una labor que no pueden hacer todavía los ordenadores con fiabilidad, porque se trata de diferenciar rasgos de distorsión de galaxias, incluso retorcidas , en comparación con las formas regulares de las que han tenido una evolución más tranquila.

Para saber si una galaxia está distorsionada o no, lo mejor es el ojo de un experto bien entrenado, y los astrónomos del Max Planck han pedido ayuda a colegas suyos de ocho instituciones diferentes para revisando foto por foto y determinar en cada galaxias si ha sufrido o no una colisión y la consiguiente distorsión. Para no condicionar las respuestas, Cisternas y su grupo han eliminado de las imágenes los núcleos, de manera que los activos no dan pistas.

El resultado de este trabajo colectivo es claro: ninguno de los expertos ha encontrado correlaciones significativas entre galaxias con núcleos activos, es decir, agujeros negros especialmente voraces en su centro, y secuelas de choques o fusiones, según explica la ESA en un comunicado. Así que la colisión no debe ser el mecanismo determinante que dispara el apetito del agujero negro central. En el artículo científico, que Cisternas y sus colaboradores publican en la revista Astrophysical Journal el próximo lunes, especifican que al menos el 75% de los núcleos galácticos activos -y a posiblemente todos-, en los últimos ocho millones de años, precisan otra explicación. Tal vez se trate de inestabilidades de estructuras de la galaxia, como las barras de algunas de las que tienen forma espiral, o colisiones de gigantescas nubes moleculares de la misma galaxia, o incluso el efecto gravitatorio provocado por otra que ha pasado cerca, aunque no haya habido colisión.

Los científicos advierten que no pueden descartar completamente el choque galáctico como motor de la voracidad de esos agujeros negros en todos los casos, porque a lo mejor esas colisiones y fusiones sí tienen que ver en galaxias más jóvenes, es decir, más distantes de la Tierra. Quieren estudiarlo y para ello cuentan no sólo con las observaciones de los telescopios ahora en funcionamiento, sino también con la información que logrará el futuro sustituto del Hubble, el James Web, que estará especializado en ver objetos celestes muy lejanos con sus cámaras y detectores infrarrojos.

A.R. | ELPAIS.com
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Investigan la muerte de cientos de mirlos y estorninos caídos del cielo

Mirlos y estorninos caídos del cielo. AP
Las autoridades de varios Estados de EE UU investigan las causas de diversos casos de misteriosas muertes masivas de animales que han sucedido desde fin de año, con centenares de pájaros que caen muertos del cielo y ríos que fluyen llenos de peces sin vida. En Luisiana, 500 pájaros (mirlos y estorninos) han aparecido muertos a lo largo de un estrecho tramo de autopista cerca de la ciudad de Labarre, se supone que caídos del cielo. Su caso se suma al de los miles de mirlos que aparecieron muertos el día de Año Nuevo en la localidad de Beebe, en el vecino estado de Arkansas, donde uno de sus principales ríos mostraba miles de peces fallecidos.

Los testimonios de Beebe han explicado que en algunas zonas el suelo estaba cubierto de pájaros muertos e incluso algunos paseantes recibieron el impacto de ejemplares que caían del cielo, según recoge el diario inglés The Guardian. En el caso de los peces muertos, uno de los principales ríos estatales ha aparecido inundado con los cadáveres de 80.000 peces, a unas 100 millas de Beebe. Los cuerpos plateados de los ejemplares flotaban en el río tras haber fallecido aproximadamente al mismo tiempo. Un incidente similar ha ocurrido en la costa de Maryland, en Chesapeake Bay, donde se acumularon decenas de miles de peces muertos.

Los casos han generado alarma y conmoción entre los residentes y los amantes de la vida salvaje a lo largo de EE UU, aunque las autoridades sostienen que tales muertes en masa ocurren de manera natural, según recoge el rotativo británico The Guardian. Las muertes de peces en Arkansas solo ha afectado a una especia, lo que sugiere que la causa ha sido un brote súbito de una enfermedad concreta. En el caso de los peces muertos en Maryland, la razón sería la fluctuación de temperaturas extremas debida al intenso frío.

Más enigmáticas son las muertes de los pájaros en Arkansas y Luisiana. Tras examinar los cuerpos recogidos en Arkansas, las autoridades han concluido que los ejemplares sufrieron un trauma interno. Podría deberse a que una bandada se hubiese cruzado con una tormenta violenta, o que un despliegue de fuegos artificiales (como el de Nochevieja) podría haber asustado a los pájaros de tal modo que no habrían podido evitar chocar contra árboles, postes y casas.

Los ornitólogos insisten en que nadie debe asustarse. "Un fallecimiento masivo de pájaros puede deberse al hambre, tormentas, enfermedades, pesticidas, colisiones con estructuras construidas por el hombre o por alteraciones humanas... Los primeros hallazgos indican que se trata de incidentes aislados que se deben a alteraciones o desorientación", ha indicado a The Guardian Greg Butche, director de conservación aviar en la Audubon Society.

ELPAIS.com
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